LA VIGENCIA DE LAS BANDERÍAS Originariamente, el nombre de "bandolero" designaba el seguidor o adherente de un bando o parcialidad feudal; sólo tardíamente adquiriría el significado o acepción más restringida de salteador de caminos o delincuente rural. Los textos catalanes de los siglos XVI y XVII traslucen esta evolución del término, aunque conservan todavía su sentido o matiz primigenio (a veces mediante denominaciones equivalentes suficientemente expresivas, como "homens de seguida" o "parcelitaris"). Dicho de otro modo: los "bandoleros" del Barroco no son siempre auténticos salteadores o miembros regulares de una cuadrilla organizada; se trata, en ocasiones, de seguidores circunstanciales de una parcialidad determinada e incluso de simples vasallos movilizados por sus respectivos señores jurisdiccionales. Esta distinción es sin duda pertinente; dista, sin embargo, de ser tajante o excluyente. Cabe recordar que muchos de los efectivos de las parcialidades enemigas se reclutaban, efectivamente, entre las filas de los malhechores y salteadores. La lucha de bandos, por otra parte, derivaba frecuentemente en una sucesión de acciones de pillaje y devastación. Así, no debe sorprendernos que el nombre de "bandolero" haya sido de buen comienzo sinónimo también de malhechor rural y salteador de caminos. Retengamos, sin embargo, el hecho primordial: en el origen del bandolerismo se halla la guerra privada, las banderías. Estos conflictos feudales han sido habituales en todas partes durante la época medieval. Su proliferación o incremento a lo largo de los siglos XIV y XV ha sido considerado como una manifestación de la caída de las rentas señoriales en el marco de la "primera crisis del feudalismo". El Principado, ciertamente, no constituye una excepción: en tiempos de Martín el Humano, en el transcurso de la guerra civil o incluso en el período inmediatamente posterior (para no remontarnos más allá del siglo XV), el bandolerismo ha sido un fenómeno endémico, especialmente en su vertiente aristocrática. A comienzos del siglo XVI los bandos nobiliarios eran todavía activos o persistentes, tal como pudo comprobar, en 1512, el embajador florentino Guicciardini. Su testimonio permite vislumbrar, además, la estrecha conexión entre las guerras privadas y el simple bandidaje de caminos: "puede decirse -escribe el diplomático- que toda la región, desde Perpiñán hasta Barcelona, e incluso algunas leguas más allá, son lugares peligrosos. La razón de este desorden se halla en que muchos caballeros y gentileshombres de Cataluña están enemistados y mantienen continuas pendencias unos con otros . . . Es costumbre, además, en aquella región que todos los parientes intervengan en las querellas, y los que se hallan peleando, cuando van agotando sus reservas, echan mano, para ser más fuertes, de todos los malhechores del país. Muchos de estos señores poseen lugares y castillos sobre los que no tiene autoridad el rey, y a dichos lugares se acogen todos los asesinos a quienes, ellos, por tener más séquito, entretienen, nutren y defienden. De este 'bandolear', que así se llama, nace el que estos bandoleros, teniendo escasez de dinero y pareciéndoles que tienen bula para ello, se dedican con frecuencia a asaltar viajeros . . . " La difusión del bandidaje, pues, no sería ajena a la proliferación de las disputas y rivalidades internas de los señores. Ni sería oportuno, por otra parte, deslindar ambos fenómenos. Regla ha interpretado una pragmática de Carlos V contra las cuadrillas, fechada en 1539, como un signo inequívoco de la definitiva extinción del bandolerismo aristocrático y la irrupción, a su vez, de un bandolerismo genuinamente popular o "hijo de la miseria". Pero, a decir verdad, el contenido estricto de dicha disposición no autoriza una conclusión semejante. Contrariamente, unas instrucciones algo posteriores del propio Carlos V, dirigidas al virrey del Principado, enumeraban algunas de las principales banderías feudales del momento y mencionaban, asimismo, diversos casos de malhechores cobijados en castillos y baronías. No se trata de un episodio residual o pasajero. Documentos de todo tipo dan cuenta de su continuidad. Así, una constitución sinodal del año 1577, repetidamente invocada hasta finales de siglo, deploraba todavía los estragos de las guerras privadas señoriales y sus inevitables derivaciones, pues, "ab ocasió desta maleyta cosa . . . naxen y se crien molts matadors de hómens y lladres saltejadors de camins. " De hecho, las banderías feudales se perpetuaron (con intensidad desigual según épocas y lugares) hasta bien entrado el siglo XVII. Correlativamente, las partidas de bandoleros pudieron crecer y multiplicarse al socaire de este tipo de conflictos y valedores. Como sentenciaba el virrey del Principado en el año 1616: "es evangelio que no hubiera bandoleros si no los sustentaran y criaran cavalleros" -juicio sin duda parcial, pero no excesivamente desencaminado. Las banderías feudales obedecían a múltiples razones: litigios familiares y jurisdiccionales; disputas sobre rentas, cargos o prebendas. Sería enojoso reproducir el detalle de una serie de casos particulares. Globalmente consideradas, ¿traducirían acaso un proceso generalizado de decadencia nobiliaria, agudizado en el transcurso de los siglos XVI y XVII? Debe ser un aspecto del fenómeno. Diversos autores han subrayado las repercusiones de las guerras campesinas del siglo XV y su desenlace jurídico -la Sentencia de Guadalupe- sobre determinados sectores de la nobleza catalana: "Después de Guadalupe -ha escrito Vilar- la nobleza rural catalana es una clase destinada a desaparecer". Elliott, por su parte, ha abundado en una opinión semejante, reiterando el sensible contraste entre nobleza rural y nobleza urbana, así como la amenaza perpetua de "hidalguización" que pesaría sobre gran parte del estamento militar del Principado. El propio Regla dedicó buen número de páginas a describir el "drama de los caballeros de la montaña" y las dificultades de la nobleza catalana en general, desprovista -a excepción de unas pocas familias que concentraban vastos dominios- de grandes recursos y privada de cargos o prebendas remuneradores a raíz de la castellanización de la monarquía -un agravio característico del estamento militar del Principado y de otras provincias del imperio. "Privados de la presencia de su rey, faltos de salidas para sus energías y ambiciones, y atados por los convencionalismos de un ideal social cada vez más pasado de moda, los nobles y la pequeña nobleza . . . reaccionaron de una forma totalmente comprensible. Empeñaron sus energías -concluye Elliott- en enemistades y venganzas. " Hacia finales del siglo XVI, la figura de un Joan Cadell, señor de Arseguel, o de un Tomas de Banyuls, barón de Nyer, caracterizados cabecillas de parcialidades, parecen encamar a la perfección el tipo ideal de una nobleza rural o pirenaica tan ardorosa y belicosa como económicamente debilitada. No resultaría demasiado difícil, por otra parte, localizar algunos ejemplos de auténticos señores salteadores, encubridores de bandoleros o beneficiarios, en definitiva, del botín de las cuadrillas. Guicciardini, el 1512, nos ha dejado un elocuente testimonio sobre uno de los parajes más frecuentados por los bandoleros de todos los tiempos: se trata del lugar de Montmaneu y sus alrededores, "lugar peligroso de asesinos" no sólo por sus peculiaridades orográficas, sino porque, además, "está cercana Santa Coloma, castillo perteneciente a un gentilhombre . . . que es un refugio de ladrones, en cuyos latrocinios tiene su parte dicho gentilhombre. " Este género de connivencias tardarán en extinguirse. Hacia finales de la centuria, Bemat de Guimera, señor de Abella y Ciutadilla, patrocinaba las actividades de la cuadrilla del Minyó de Segarra, mientras que el citado Joan Cadell hacía lo propio con las partidas del Minyó de Montella y del Batlle d'Alós; Antic de Barutell, señor de Oix, "amparaba y recogía a Trucaforte y su cuadrilla, haziendo muchos robos y hurtos secretos", razón por la cual el virrey mandó derribar y asolar el castillo y villorrio de Oix, "común receptáculo de ladrones y de los hurtos que se hazían en aquellas partidas", en el año 1614; los asaltantes de un convoy de moneda real -suceso acaecido un año antes en las cercanías de Montmaneu- tenían su guarida en el castillo de Segur, de Miguel de Calders, donde "se halla por cierto hazer de la moneda sus particiones"; por estas mismas fechas, bandoleros protegidos por Caries Alemany, señor de Bellpuig y Tortellà, se dedicaban al secuestro de labradores y caminantes, exigiendo un alto precio por su libertad. El diagnóstico de las autoridades no parece falto de todo fundamento: "la confusión de esta tierra han sido los caballeros, que los amparaban (a los bandoleros) y recogían a sus casas, de quien se entiende iban con ellos a la parte. " Las vinculaciones entre señores y bandoleros no son exclusivas o distintivas del bandolerismo catalán; son características, por el contrario, del bandolerismo mediterráneo en general -e incluso de ciertas regiones septentrionales. Como Braudel, sin embargo, cabe preguntarse: ¿qué señores exactamente? En el caso del Principado, ¿debiéramos deducir que el bandolerismo nobiliario ha sido, en suma, el expediente obligado de una nobleza rural progresivamente empobrecida y políticamente postergada? Se trata de una hipótesis plausible, suscrita por buen número de autores. Debe recordarse, sin embargo, que las grandes familias de la aristocracia catalana también mantuvieron -por lo menos en las primeras décadas del siglo XVI- sus particulares guerras o querellas privadas. La distinción entre nobleza rural y nobleza urbana, por otra parte, tampoco debe entenderse en un sentido estricto. Entre los señores bandoleros más caracterizados del Barroco hallamos, efectivamente, algunos genuinos representantes de la nobleza urbanizada, como el caso de los Alentorn de Seró, establecidos en Barcelona, bien relacionados con la flor y nata de la aristocracia local (incluso con los duques de Cardona) y periódicamente designados para el desempeño de cargos relevantes en el seno de las instituciones catalanas. Digamos, por último, que los recientes trabajos de N. Sales obligan a corregir o matizar la imagen catastrofista de una nobleza rural o pirenaica irremisiblemente condenada a la quiebra y el ostracismo; contrariamente, su estudio sobre los barones de Nyer ha mostrado la notable vitalidad -también en el ámbito económico- de ésta y de otras familias de señores bandoleros de los condados catalanes. Nobleza rural, nobleza urbana, "grandes" y "pequeños" señores, son denominaciones o categorías bastante escurridizas todavía. Una correcta interpretación del bandolerismo señorial exigiría, desde luego, un mejor conocimiento de las vicisitudes materiales de los diferentes estratos nobiliarios del Principado durante los siglos XVI y XVII. El bandolerismo señorial, sin embargo, no encubre única o necesariamente dificultades de índole económica. A menudo se confunde -como ha hecho notar N. Sales- con las competencias jurisdiccionales de los señores -y su derecho al uso de la fuerza armada- e incluso con fenómenos localizados, de "reacción feudal". Así, durante las alteraciones del condado aragonés de Ribagorza, en la segunda mitad del siglo XVI, conocidos señores bandoleros del Principado -como Guillem de Josa o Perot Llupià- se constituyeron en valedores de los duques de Villahermosa, recorriendo las tierras del condado y "atemorizando a los vasallos para que no insistan en la reduction (a la corona) del dicho condado. " En el Principado, a su vez, algunos señores también reaccionaron violentamente ante las tentativas de sus vasallos para obtener su incorporación a la jurisdicción real. Algunas víctimas de los bandoleros no habrían sido ciertamente casuales: "la més verosímil causa de la mort" de Antoni Queixigós, acaecida en Alfarras el año 1584, sería, en opinión del virrey, "que dit Antoni . . . ab altres són anats a la S. C. Real Magt. del Rey y a Nos en son nom per a demanar e instar que es fasse reducció del dit lloch de Alfarras a la corona real. " La muerte de un familiar de uno de los síndicos del lugar de Granera, ocurrida pocos años después, no ofrecía, por el contrario, ninguna duda: el señor del lugar había amenazado reiteradamente a los vecinos que se habían significado en la petición de incorporación a la corona. No se trata de hechos aislados (aunque no podamos, por el momento, precisar su frecuencia o recurrencia). Bandoleros de la cuadrilla de Rocaguinarda hicieron frente a los vecinos de Ripoll cuando éstos se sublevaron -una vez más, en el año 1610- contra la poderosa abadía benedictina para exigir el establecimiento de un consejo municipal autónomo y, finalmente, su reducción a la corona. El pleito entre la villa de Ponts y el conde de Santa Coloma, en la segunda década del siglo XVII, tenía un origen idéntico, aunque los lugareños permanecían bastante "amedrentados por la mucha gente de armas enviadas por el conde. " Feudalismo y bandolerismo señorial, pues, podían llegar a confundirse tan estrechamente que quizá fuera innecesario o incluso inoportuno tratar de identificar los señores bandoleros con determinadas categorías menores o empobrecidas de la nobleza exclusivamente. Señores de todo tipo y condición han podido recurrir, llegado el caso, a las cuadrillas de bandoleros, ya fuese para sofocar las reivindicaciones de sus vasallos, ya fuese para dilucidar sus querellas intestinas.
La validesa de les banderes originalment, el nom de "Bandit" va designar el seguidor o adherit d'una pudor o biaix feudal; Només adquiriria el significat o el significat més restringits de les carreteres o del criminal rural. Els textos catalans dels segles XVI i XVII mostren aquesta evolució del terme, tot i que encara conserven el seu sentit o matisos originals (de vegades mitjançant denominacions equivalents prou expressives, com ara "Homens seguits" o "Parcelitaris"). Dit d'una altra manera: el "bandit" del barroc no sempre són autèntics saloters o membres habituals d'una colla organitzada; De vegades, són seguidors circumstancials d’una certa parcialitat i fins i tot vassalls simples mobilitzats pels seus respectius senyors jurisdiccionals. Aquesta distinció és sens dubte rellevant; És, però, de ser contundent o exclusiu. Cal recordar que moltes de les parcialitats enemigues van ser reclutades, de fet, entre les files dels evidents i l’estalvi. Els costats lluiten, en canvi, sovint van donar lloc a una successió de les accions de pilage i devastació. Per tant, no ens ha de sorprendre que el nom de "Bandit" també hagi estat de bon sinònim inicial de malefactor rural i camí de les carreteres.Conservem, però, el fet principal: en l’origen del bandoleria és la guerra privada, les banderes. Aquests conflictes feudals han estat habituals a tot arreu durant l’època medieval. La seva proliferació o augment al llarg dels segles XIV i XV ha estat considerada com una manifestació de la caiguda dels ingressos senyorials en el marc de la "primera crisi del feudalisme". El Principat, certament, no constitueix una excepció: a Martín l’ésser humà, en el transcurs de la Guerra Civil o fins i tot en el període immediatament posterior (per no tornar més enllà del segle XV), el banditisme ha estat un fenomen endèmic, especialment en el seu aspecte aristocràtic. A principis del segle XVI, els costats nobles encara eren actius o persistents, com es podria verificar, el 1512, l'ambaixador florentí Guicciardini. El seu testimoni permet veure, a més, la connexió estreta entre les guerres privades i el simple camí de les carreteres: "Es pot dir - escrivint el diplomàtic - que tota la regió, des de Perpignan fins a Barcelona, i fins i tot algunes lligues més enllà, són llocs perillosos. El motiu d'aquest trastorn és que molts cavallers i senyors de Catalunya són enemics i mantenen pèndies contínues.També és habitual en aquella regió que tots els familiars intervenen en les queixes i els que lluiten, quan les seves reserves s’esgoten, de ser fortes, de ser més fortes, de tota la mala gestió del país. Molts d’aquests senyors posseeixen llocs i castells sobre els quals el rei no té autoritat, i per a aquests llocs tots els assassins a qui, per tenir més comitè, entretenir, alimentar -se i defensar. D’aquest “Bandolear”, que s’anomena, el fet que aquests bandits neixin, que tinguin una escassetat de diners i semblen tenir un toro per a això, sovint dediquen als viatgers. . . "La difusió de la bandera, perquè, no seria aliena a la proliferació de les disputes internes i les rivalitats dels senyors. No seria adequat, d'altra banda, per demarcar els dos fenòmens. La regla ha interpretat un pragmàtic de Carlos contra les tripulacions, datada el 1539, com un signe inequívoc de l'extinció final de l'aristocràtic bandololisme i l'emergència i l'emergència i l'emergència de l'emergència i l'emergència i l'emergència de l'emergència i l'emergència. realment popular o "fill de la misèria".Al contrari, les instruccions una mica posteriors del propi Carlos V, dirigides al virrei del Principat, van enumerar algunes de les principals banderes feudals del moment i també van mencionar diversos casos de malvat protegits en castells i baronies. No és un episodi residual o de passatgers. Els documents de tot tipus tenen en compte la seva continuïtat. Així, una constitució sinodal de l'any 1577, invocada repetidament fins a finals del segle, encara va deplorar els estralls de les guerres privades i les seves inevitables derivacions, perquè "Abasa amb aquesta cosa de Maleyta. desigual segons els temps i els llocs) fins al segle XVII. Correlativament, els jocs de bandoleros podrien créixer i multiplicar -se a la soca d’aquest tipus de conflictes i avaluadors. Com a virrei del Principat condemnat el 1616: "És un evangeli que no hi hauria bandits si no els recolzessin i augmentessin els cavalleros" -judicis sense Farice parcial, però no excessivament inalterat. Les banderes feudals van obeir diverses raons: litigi familiar i jurisdiccional; Disputes sobre ingressos, càrrecs o prebendas. Estaria enfadat reproduir el detall d’una sèrie de casos concrets.Considerat a nivell mundial, un procés generalitzat de decadència noble, agreujar -se durant els segles XVI i XVII? Ha de ser un aspecte del fenomen. Diversos autors han subratllat les repercussions de les guerres camperoles del segle XV i el seu resultat legal - el judici de Guadalupe - en determinats sectors de la noblesa catalana: "Després de Guadalupe - Vilar escrit - la noblesa rural catalana és una classe dirigida a desaparèixer". Mentrestant, Elliott ha abundat en una opinió similar, reiterant el contrast sensible entre la noblesa rural i la noblesa urbana, així com l'amenaça perpètua de "Noblewland" que pesaria en gran part de la propietat militar del principat. La regla en si va dedicar un bon nombre de pàgines a descriure el "drama dels senyors de la muntanya" i les dificultats de la noblesa catalana en general, desproveïdes, a excepció d'algunes famílies que concentren grans dominis, de grans recursos i privades de posicions o remunerant la pre -exposició a causa de la castellera de la monarca, a un nombre característic de la finca militar de l'Estat militar de l'Estat Militar i d'un altre proveïdor."Privat de la presència del seu rei, sense sortir de les seves energies i ambició Tomas de Banyuls, baró de Nyer, els líders caracteritzats de les parcialitats, semblen abordar perfectament el tipus ideal de noblesa rural o pirenètica com a ardent i bellicosa que es va debilitar econòmicament. No seria massa difícil, d’altra banda, localitzar alguns exemples de senyors autèntics d’estalvi, coberts de banditer o beneficiaris, en definitiva, del saqueig de les tripulacions. Guicciardini, 1512, ens ha deixat un testimoni eloqüent sobre un dels llocs més freqüentats pels bandits de tots els temps: és el lloc de Montmaneu i el seu entorn, "Place perillós d'assassins" no només per les seves peculiaritats orogràfiques, sinó perquè, a més ", Santa Coloma és a prop, el castell que pertany a un senyor. Latrocinios té la seva part de l’home gentil.Cap al final del segle, Bemat de Guimera, Lord of Abella i Ciutadilla, va patrocinar les activitats de la colla Cuycio de Segarra, mentre que l’esmentat Joan Cadell va fer el mateix amb els jocs del Minió de Montella i Batlle d’aló; Antic de Barutell, Lord of Oix, "cobert i recollit Trucaforte i la seva colla, fent molts robatoris i secrets secrets", és per això que el virrei va ordenar el castell i el poble d'Oix, "receptacle comú de lladres i robatoris que es van fer en aquests jocs", el 1614; Els assaltants d’un comboi de monedes reals (un any un any abans als voltants de Montmaneu) tenien la seva denúncia al castell d’assegurances, de Miguel de Calders, on “les seves particions són per la forma de la moneda”; Per a aquestes mateixes dates, els bandits protegits per càries alemanyes, Lord of Bellpuig i Tortellà, es van dedicar al segrest de pagesos i caminants, exigint un preu elevat per a la seva llibertat. El diagnòstic de les autoritats no sembla que no tingui cap mena de fonament: "La confusió d'aquesta terra ha estat els cavallers, que els van protegir (els bandits) i van recollir les seves cases, que s'entenen que van amb ells a la part."Els vincles entre Lords i Bandits no són exclusius ni distintius de la bandoleria catalana; són característiques, al contrari, de la bandoleria mediterrània en general, i fins i tot de certes regions del nord. Tot i això, Braudel, però, és possible preguntar: què exactament? Una noblesa rural progressivament empobrida i posposada políticament? Entre els bandits més caracteritzats del barroc trobem, de fet, alguns representants genuïns de la noblesa urbanitzada, com l'Alcentorn de Seró, establerts a Barcelona, ben relacionats amb la flor i la crema de l'aristocràcia local (fins i tot amb els ducs de Cardona) i designat periòdicament per a l'exercici de posicions rellevants dins de les institucions catalanes.Diguem, finalment, que les obres recents de N. Fore Fore per corregir o aclarir la imatge catastrofista d’una noblesa rural o pirenètica condemnada irremeiablement a la fallida i a l’ostracisme; Al contrari, el seu estudi sobre els barons de Nyer ha demostrat la notable vitalitat, també en l’àmbit econòmic, d’aquesta i d’altres famílies de Bandit Lords dels comtats catalans. La noblesa rural, la noblesa urbana, els "grans" i els "petits" senyors, encara són denominacions o categories força evasives. Una interpretació correcta del bandoleria senyorials exigiria, per descomptat, un millor coneixement de les victòries materials dels diferents estrats nobles del Principat durant els segles XVI i XVII. El bandolerisme senyorial, però, no necessàriament concebi les dificultats econòmiques. Sovint es confon, com s'ha notat N. Les vendes, amb els poders jurisdiccionals dels senyors, i el seu dret a l'ús de la força armada, i fins i tot amb fenòmens localitzats, de "reacció feudal".Així, durant les alteracions del comtat aragó de Ribagorza, a la segona meitat del segle XVI, coneguts bandits del Principat - com Guillem de Josa o Perot Llupià - van constituir en els valors dels ducs de Villahermosa, recorrent les terres del comtat i "espantaven els vassals perquè no siguin que no insisteixin en la reducció (a la cronia) de la crona. Al principi, al seu torn, alguns senyors també van reaccionar violentament als intents dels seus vassalls per obtenir la seva incorporació a la jurisdicció real. Algunes víctimes dels bandits no haurien estat certament casuals: "La causa plausible del mortal" d'Antoni Queixigó, es va produir a Alfarras el 1584, seria, segons l'opinió del virrei ", que Antoni. Ab Altres Sán Anats al S. C. Real Magt. Del rei Dit lloch d'Alfarras a la Royal Crown.No es tracta de fets aïllats (tot i que de moment no podem especificar la seva freqüència o recurrència). Bandol de la banda de Rocaguinarda es va enfrontar als veïns de Ripoll quan es van rebel·lar, una vegada més, l'any 1610, contra la poderosa abadia benedictina per exigir la creació d'un consell municipal autònom i, finalment, la seva reducció a la corona. La demanda entre la ciutat de Ponts i el comte de Santa Coloma, a la segona dècada del segle XVII, va tenir un origen idèntic, tot i que els locals es van mantenir força "intimidats per moltes persones d'armes enviades pel comte". Algunes categories menors o empobrides de la noblesa exclusivament. Els senyors de tota mena i condició han pogut recórrer a les bandes de bandits, ja per suposar les afirmacions dels seus vassalls, ja era dilucidar les seves queixes de l'intestí.
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